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domingo, 18 de septiembre de 2011

Una noche en la clínica

  Relato Erótico – Autor: Alberto Celis Miranda.

UNA NOCHE EN LA CLINICA (2)…La doctora se quitó su bata y comenzó a desnudar a la enfermera, primero le quitó el uniforme y dejó al descubierto un par de pechos firmes y redondos atrapados en un sujetador blanco, no eran muy grandes pero si asombrosamente bellos, vírgenes a la mano del cirujano; su vientre marcaba el camino hacia sus piernas gruesas y duras, mientras la desnudaba…

doctora_sexyEran como las 8:00 - 8:30pm, el maldito aire acondicionado me hacía sentir como una cerveza en una cava; mi estancia en esa clínica nos tenía agotados a mí y mi bolsillo, gastar y gastar pero la funesta idea de irme a un hospital no me gustaba para nada, la verdad que esa clínica parecía más un spa que un centro médico. Mi habitación era gigantesca tipo suite decorada y pintada de manera contemporánea un sofá de cuero negro exageradamente grande, muy útil para acompañantes, un par de mesas, un closet de madera, la cama extraordinariamente cómoda, amplia y automatizada y unas persianas más decorativas que otra cosa. El servicio de habitación en extremo eficiente, todo el recinto estaba pulcro; la vista espectacular hacia la ciudad y en las noches las luces de afuera hacían un bonito baile en las paredes. Buena iluminación y un baño bastante lujoso, sin lugar a dudas la habitación era todo un palacio. Mientras yo retozaba sobre mi cama esperando que la sexy enfermera terminara de colocarme el tratamiento.

Mi mente divagaba y seguía pensando en cosas realmente fuera de la realidad, no sé si era el tratamiento que tenía o simplemente el aburrimiento que estaba gobernando el recinto. Ciertamente era muy pesado estar solo allí, mi hermano no se quedó por el trabajo y la verdad pues no estaba tan grave como para no quedarme solo. A la final empecé a quedarme dormido pensando tonterías. Recuerdo que lo último que vi fue a la enfermera acomodando mi cobija y chequeando la vía. Aún conservaba la imagen de esa enfermera: Una mujer como de cuarenta y tantos muy bien cuidados, piel oscura y tersa, cabello negro corto y rizado, no muy alta pero de una figura muy sensual, sus labios parecían unas lascas de melocotón, provocaba morderlos… y esos ojos negros rasgados y brillantes me tenían idiotizado, toda una diosa de ébano. Me guardé esa imagen y comencé mi recorrido por el mundo onírico.

sexy-doctor-kMe empecé a despertar a eso de las 3:40am, la verdad sólo abrí los ojos y miré a mi alrededor, estaba muy lúcido, totalmente descansado, eso me preocupó mucho. Qué iba a hacer solo y sin sueño, sólo pensaba... En esos instantes de meditación trascendental abren la puerta de la habitación y entran la doctora residente y esa enfermera sexy a lo que imaginaba era su ronda nocturna. Llegaron entre muchas risas y susurrando entre ellas. Cerraron la puerta a su espalda, me miraron pero una de las luces afuera las iluminaba a ellas más no a mi cama que estaba en un punto oscuro de la habitación. Era una luz brillante más no era cegadora. En un instante se agarraron de las manos, se miraron y empezaron a besarse. Calculo que mi mente estuvo en blanco como por 10 o 15 segundos.

enfermera_setrabaj_1__240Tras reconectarme con la realidad empecé a tratar de entender y organizar lo que mi mente trataba de asimilar. En ese momento empecé a sentir como un calor recorriendo mi cuerpo entero, era la sangre que empezaba a fluir buscando irrigar mi cerebro secundario, aunque admito que en algunos casos llegó a ocupar el primer lugar. Una sonrisita malévola empezaba a nacer en mi cara. Aquellas dos mujeres, ambas veteranas en sus oficios, caminando por los cuarenta y tantos años y exquisitas a los sentidos se estaban besando ante mis ojos ocultos de una manera sensual y apasionada. En medio de mí sorpresa no me había dado cuenta de toda la belleza que tenía alrededor. La enfermera sexy y la doctora no dejaba nada de lado, una mujer pisando los 50 pero mejor que muchas de 20, pechos grandes y delicadamente elaborados por alguno de sus colegas, piel blanca y cabello castaño oscuro, sus ojos marrones hacían brillar su pequeña boca mientras aquella morena la engullía entre sus gruesos labios. Aquello ya se estaba poniendo muy caliente, mientras yo estaba tratando que mi cuerpo no emitiera sonido alguno para que no se percataran que tenían público.

sexy-doctorMe sentía como un árbol y ciertamente una de mis ramas ya estaba lo suficientemente dura como para que ellas hicieran su nido allí. Aquel par de diosas empezaron a calentarse cada vez más y más. Se tocaban y abrazaban por todas partes y continuaban fundidas en ese libidinoso beso. En un instante se detuvieron, me miraron y la doctora puso el seguro de la puerta y miró con ese gesto de complicidad a su amiga, justo en ese momento supe que era muy posible que me diera un infarto esa noche. La doctora se quitó su bata y comenzó a desnudar a la enfermera, primero le quitó el uniforme y dejó al descubierto un par de pechos firmes y redondos atrapados en un sujetador blanco, no eran muy grandes pero si asombrosamente bellos, vírgenes a la mano del cirujano; su vientre marcaba el camino hacia sus piernas gruesas y duras, mientras la desnudaba la iba acariciando muy suavemente con sus manos, le besaba el cuello, esa mujer temblaba, en realidad todos estábamos temblando. Al cabo de unos minutos las dos mujeres estaban totalmente desnudas ante mi mirada estupefacta. El frío de aquel cuarto había sido reemplazado por el ardor que emanaba de ese par de cuerpos. Mi mente estaba a la orilla de un colapso, aun así no quería hacer nada por miedo a arruinar ese momento tan increíble.

naughtynurseLa acción se trasladó al sofá de cuero, el cuerpo de la enfermera se perdía entre la penumbra y la oscuridad del mueble, eso hacía que me pusiera más caliente, imagino que tuvo un efecto similar en la doctora que se afanaba cada vez más en saborear a esa deliciosa enfermera. Empezó por su boca y bajó por el cuello hasta sus pechos, los apretaba entre sus manos y metía su cara en ellos, la enfermera acariciaba el final de la espalda de la doctora y de vez en cuando lograba meter sus dedos entre las nalgas de aquella lujuriosa dama, aquellas mujeres ya había perdido todo vestigio de compostura y se entregaban cada vez más a besarse y lamerse una a la otra. Parecían una pelea de pulpos, entre la penumbra y el movimiento ya mi vista empezaba a confundirme. Aquella habitación se empezó a impregnar con el dulce aroma de esas hembras, mi corazón latía desaforadamente y mis ojos estaban secos por no pestañear, me estaba enloqueciendo aquella visión. En una de esas se entremezclaron las damas una sobre la otra y comenzaron a comerse mutuamente, los gemidos ya no podían ser reprimidos, el placer ahogaba cada rincón de ese recinto, aquellas féminas llegaban al clímax una y otra vez, sus dedos entraban y salían de todos sus orificios húmedos, aquel sofá estaba enchumbado de sexo. Cada vez se agitaban más y más y yo sentía que estaba a punto de explotar, aquello producía dolor de tanta excitación. Aproveché la lujuria y el alboroto para aliviar un poco la presión y comencé mi faena a medida que mis musas jadeaban y se venían una y otra vez. En un momento todos gritamos de placer al tiempo…

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Sentí como que acababa de ganar un maratón, mis compañeras de placer estaban acostadas y abrazadas en el sofá, todo estaba quieto, apenas se escuchaba el rugir de los pulmones buscando aire.

sexy-black-nurseRecuerdo haberme dormido exhausto y todo mojado entre sudor y otros fluidos. La verdad no me importó. Había sido una noche realmente divertida a pesar que mi participación en aquel trío fue de un simple observador. Al despertarme fui al baño, me revisé y todo estaba muy ordenado. Comencé a pensar que todo fue una jugarreta de mi atormentada mente por haber sido presa del tedio y quizás el tratamiento tuvo su cuota de maldad. Si había sido eso, pues estaba dispuesto a comprarme unos litros de ese medicamento. Me quedé pensando y saboreando aquel momento en mi imaginación. En eso entró la doctora, se me acercó y tras revisar el gotero, los equipos y el tratamiento me preguntó cómo me sentía y esas cosas de rutina. Al final me dio un diagnóstico muy favorable, mi corazón estaba en muy buena forma y eso sí que me cuidara, siguiera la dieta, etc., y me iba a dar de alta. Eso me dio cierta melancolía. El rostro de la doctora y su actitud tan normal me hizo entender que aquella noche loca fue meramente una fantasía.

Mi hermano me vino a buscar, pagamos la cuenta, recogí mis cosas y por políticas de las clínicas la sexy enfermera me montó en una silla de ruedas y me llevó a la puerta de la clínica, allí estaba mi hermano y la doctora hablando, ella le entregó los récipes de mis medicinas y esas cosas. La doctora se me acercó y se despidió muy cortésmente. La enfermera me ayudó a despegarme de la silla de ruedas y se despidió también, les eché un último vistazo a mis musas de placer para no olvidar ningún detalle de sus cuerpos para futuras fantasías. Las dos se voltearon viéndome y despidiéndose, en eso la doctora le apretó una nalga a la enfermera y sonrieron pícaramente mientras se alejaban.

Nos montamos en el carro y mi hermano me mira y pregunta:

- ¿Y esa sonrisita ridícula hermano? ¿Feliz por haber salido de la clínica? ¡Al fin! ¡Jejeje!

- Algo así hermanito… algo así…

Alberto E. Celis Miranda

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