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miércoles, 21 de diciembre de 2011

La Mujer… La comida…

Relato erótico por Alberto E. Celis M.

la mujer la comidaUna simpleza tal vez, un encuentro con la locura que habita mi psique, tal vez un profundo poema que toca el umbral de lo exquisito, el cuerpo divino de una mujer. Les dejo uno de mis escritos, quizás no el más pensado pero si muy saboreado. En fin, buen provecho…


 
- SEPARADOR 07La mujer, se debe considerar la mejor de las creaciones de la naturaleza, un conjunto de sabores y aromas definidos para el gusto más exquisito, comparada sólo con un manjar el cual se debe apreciar y disfrutar con calma y delicadeza.
 
Primero, apreciarla en toda su magnitud, con sus ropas cubriendo su belleza natural, observarla, sus movimientos, su gracia, el movimiento de sus manos y labios, su forma de caminar, la forma como su cabello ondula de un lado a otro, su color, la belleza de su postura, tan femenina; su forma de ser, su sonrisa…
 
imagen cortesía de tonterias.com
Seguidamente se debe apreciar su aroma, el olor de sus cabellos, de su piel, de su aliento, sin tocarla y aprovechando para sentir su textura con los ojos e imaginando cómo debe ser sentirla en las manos. Después viene el tacto, se debe palpar como si fuera una escultura de arena y un mal movimiento la desmoronaría. Recorrer con los dedos sus cabellos, su rostro, como si fuéramos bebes conociendo por primera vez, suave y sutilmente recorrer toda la extensión de su piel sin dejar nada sin tocar y conocer; al mismo tiempo se debe escuchar, su voz y cada susurro y gemido de placer que con su divino aliento componga, seguir despojando de vestidura hasta que todo su esplendor quede ante nuestros ojos y si es posible de los de ella, sí, que vea su propia belleza en un espejo mientras se deja mimar.
 
Una vez que la beldad está a flor y su desnudez resplandece ante tus ojos atónitos, se debe conservar la compostura y la calma y seguir el camino hacia la dicha. Comenzar a probar, saborear cada parte de su onírica belleza y sentir su sabor delicado y suave, amargo y dulce, sabores que deben degustarse lenta y profundamente, su cuello, sus orejas, sus brazos, sus axilas, sus pechos, su vientre, su ombligo, los hombros, las manos, la espalda hasta las nalgas, su perineo, sus muslos, sus rodillas, sus pantorrillas, sus delicados pies… ¡todo! En la mujer, todo debe ser probado y saboreado, tocado y observado y por supuesto se debe percibir su exquisito aroma felino.
 
Para el final y como en la buena mesa, el postre. Lo más fino y delicado de la mujer, el fruto más deseado, su deliciosa entrepierna. De aquí en adelante la imaginación es un factor determinante, se debe tratar con todos los medios antes expuestos; vista, olor, tacto, oído y por supuesto el gusto. Diría que el mayor gusto, ya que no hay nada que se le compare. Se debe sentir su gusto al absorber sus jugos, la miel más pura de mujer, su aroma delirante a hembra, su visión tan excitante, su textura tan suave y aterciopelada y ese sonido que emite el chapoteo de la lengua o los dedos dentro de ella y jugar cariñosamente con los labios hinchados de placer y lujuria; todo mezclado con las sensaciones descritas al principio. Qué puede haber mejor, no hay nada mejor… ¡oh! ¡Si hay! Todo esto por partida doble…
 
Ojo, más del doble es gula… ¡jejeje!
Alberto Celis Miranda

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